Otsiera | ¿Cómo es que? ¿Desde cuándo? ¿Qué había antes? ¿Por qué? ¿…?
14857
post-template-default,single,single-post,postid-14857,single-format-standard,qode-quick-links-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,boxed,,qode_grid_1200,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.5,vc_responsive

¿Cómo es que? ¿Desde cuándo? ¿Qué había antes? ¿Por qué? ¿…?

Itinerario de trabajo que recurre a los relatos míticos sobre los orígenes del Universo para alimentar el interés por la realidad e incentivar una mirada capaz de observar, cuestionarse, contemplar. Al mismo tiempo es una oportunidad para explorar las posibilidades comunicativas de mitos, símbolos y metáforas. Se propone también alguna audición musical.

EDAD: A partir de 10-11 años. Se puede adaptar a entornos educativos y situaciones muy diversas.


 

OBJETIVOS:

  • Propiciar una actitud atenta hacia la realidad.
  • Favorecer la curiosidad hacia el Cosmos; una curiosidad que lleve hacia una mayor valoración del hecho de existir.
  • Familiarizarse con el uso del lenguaje simbólico: los “textos especiales”.
  • Conocer algunos relatos de los orígenes del Universo y relacionarlos con el entorno cultural en el que surgieron.
  • Buscar y crear formas para expresar y comunicar el agradecimiento por la existencia.

Se incluyen relatos de la Creación de la Antigua Grecia, de la cultura maya (Popol Vuh), del libro del Génesis, de los pueblos de Norte América, de los vikingos (en los Eddas), del Antiguo Egipto, del pueblo bantú de Africa Central y del Japón. Y cantos de agradecimiento de África, Amèrica, Asia y Europa.

MATERIALES para descargar:

 

 

 

Fragmento de la GUÍA DE TRABAJO. De la introducción:

 

Cuanto más penetrante es la descripción científica, más grande es la admiración que me produce ante el misterio de la existencia, ante el irresoluble enigma de la presencia de una gota de lluvia o de un copo de nieve. Me esfuerzo en mantener viva la capacidad de ensoñar, espoleada por los miles de prodigios que puedo contemplar a cada instante, y estos, cuantos más años pasan, más se multiplican.  (Albert Schweitzer[1])

Potenciar el contacto con la realidad, con la naturaleza, con el Universo, es uno de los grandes retos educativos del siglo XXI. Para valorar la realidad, la vida, hay que establecer con ella una relación significativa: con la cabeza, pero también con el corazón, las manos, todo nuestro ser. Si nos hacemos preguntas, preguntas de las importantes, es porque algo nos ha sorprendido. Y si algo nos ha sorprendido será porque hemos tenido la oportunidad de “ver” y de “sentir”, de notar la presencia de lo que “es”: la oportunidad de admirarse, de sorprenderse, de saborear, de interrogarse y de contemplar… Es decir, la oportunidad de vivir las condiciones y las emociones en las que puede nacer y arraigarse un interés profundo, un sentido de comunión, de respeto y de compromiso con el Universo. Sin esa ventana abierta a la realidad, ¿cómo podrían surgir las preguntas?

“En el principio…” Cada grupo humano tiene su propio relato sobre el origen del Universo y entrar en contacto con ese relato es ponerse en contacto con las preguntas que se ha planteado la humanidad desde la noche de los tiempos. Es compartir la conciencia de que no somos los creadores del Universo ni de la vida. “¿Cómo es que…? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Y si…?” Los relatos sobre el origen invitan a saborear la existencia de la Tierra, de las estrellas y de los planetas, de las noches y los días, del agua y del aire, de los animales y la vegetación, de los seres humanos. Pero, si antes no hemos abierto la ventana, no hemos mirado hacia la realidad, estos textos entrarán por un oído y saldrán por el otro, sin posibilidad de movilizar la imaginación, sin conmovernos ni llegar a generar nuevos interrogantes.

En otros momentos hemos hablado del lenguaje mítico y de sus peculiaridades comunicativas. Tengamos presente que los lenguajes simbólicos, metafóricos, poéticos, no se sitúan en el ámbito de la descripción, sino que procuran vehicular el conocimiento de la realidad que se da en el ámbito de la valoración, del sentir silencioso, la intuición o la emoción. Son lenguajes que abren caminos desde el sentir, lenguajes que facilitan la intuición acerca de lo que la realidad pueda ser más allá de la percepción de los sentidos filtrada por las interpretaciones conceptuales. Trabajan desde un uso peculiar de las palabras y de las imágenes invitando a ir más allá de ellas, a asomarse allá donde las palabras ya no alcanzan. Una invitación a admirar, saborear, valorar, querer, agradecer…

[1] Albert Schweitzer. Souvenirs de mon enfance. Istra, 1951. p.66